Hay poco tiempo para la segunda vuelta

“Por Margarita Argüelles Gómez”,  María Amparo Casar escribió un artículo sobre la segunda vuelta en Excélsior, el 31 de mayo pasado, haciendo referencia a la posibilidad de modificar el artículo 81 constitucional para añadir la segunda vuelta electoral en caso de que en la elección del 2018 no ganara ningún candidato a la presidencia más de la mitad de la votación. Agrega que la otra modificación sería en relación a los tiempos, a decir de la politóloga existen en el congreso 20 iniciativas en el sentido de llevar a cabo en “x” días la segunda vuelta a partir de la declaración de los cómputos oficiales.

Entonces hablaba de la viabilidad de que en México tuviera 2a vuelta, además de lo que significaría para los ciudadanos. Es evidente que las leyes electorales tendrían que modificarse una vez iniciado el proceso electoral 2017-2018, pero Casar agrega que el 105 constitucional se superaría a través de un transitorio que exceptúe la prohibición de modificar leyes electorales 90 días antes de iniciado el proceso electoral. Así las cosas, afirma categórica que tiempo hay, el punto es otro.

Lejos de festejar la segunda vuelta, el análisis realista de la investigadora nos centra en que no resolvería el sistema de partidos tan fraccionado que tenemos, tampoco le restaría facultades formales al presidente. Más bien, no tener segunda vuelta representa miles de votos perdidos para los votantes, quienes se frustran ante un candidato que no gana nunca y un partido que tristemente tampoco gana, aunque no esté afiliado a él.

Los pensamientos del votante medio lo llevan a desalentarse y tal vez ya no votar en la próxima. Un voto perdido, anulado quizás. Pero, en una segunda oportunidad, su voto ya no será emotivo, será un voto útil, estratégico, pensará y ahora sí tendrá oportunidades reales de que gane su candidato. Incluso podría encarecerse en el mercado negro electoral, por aquello de la certeza.

Esa es la diferencia que da una segunda vuelta, al votante le da confianza y al votado le da legitimidad, ya que por décadas las elecciones presidenciales en nuestro país han sido decididas en el primer evento, y cada vez la participación es menor, hasta por debajo del 40%.

Algo que pone en evidencia la segunda vuelta en los países que la han adoptado, en América Latina: Costa Rica, Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Ecuador, El Salvador, Guatemala, Haití, Nicaragua, Perú, República Dominicana y Uruguay, o Francia como último dato, es que se eliminan a los candidatos marginales y exponen el voto real y tal vez un congreso dividido.

En San Luis Potosí (1997 y 2000), las autoridades municipales se eligieron por segunda vuelta, establecida en la constitución del Estado, artículo 35. Sin embargo, dado nuestro sistema electoral, la segunda vuelta no ha sido considerada en las reformas, cabe la pregunta ¿a quién no le conviene? Y la respuesta nos remite a los partidos políticos. Evidentemente son los partidos políticos, sus dirigentes, quienes tienen miedo de volver a competir y quienes no quieren son principalmente Morena (aunque López Obrador ocupe hoy por hoy el primer lugar en las encuestas) y el PRI (con mayor rechazo como partido).

Aquí los dineros no representan mayor obstáculo, podrían restarse de sus prerrogativas, cómo no. Sólo recordar que, en la última reforma publicada en 2015, los partidos recibieron un 20% más en sus prerrogativas para sus gastos operativos normales. Bueno, agregaría que para los independientes el tema resulta más atractivo, aunque la esperanza de triunfo sea platónica frente a un sistema de partidos tan fuerte como el nuestro.

Hay tiempo, sí, porque no hay alianzas ni candidatos registrados todavía, lo que no hay es voluntad. Los resultados de este 4 de junio serán una balanza para medir las posibilidades, si bien la segunda vuelta no es la divina pomada para resolver los grandes males que los propios partidos han generado corrompiendo por igual el espíritu democrático del pueblo mexicano. Veremos si se escribe una nueva página.

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