- Proyecto ciudadano transforma una antigua caseta de periódicos en un espacio de intercambio, donación y acceso accesible a libros, acercando la lectura a peatones y comunidades diversas.
Por: Felipe R. Neri.
En pleno Centro Histórico de Puebla, una antigua caseta de periódicos encontró una nueva vocación cultural al convertirse en la «Caseta Cultural Cafre», un espacio ciudadano que promueve el hábito de la lectura mediante el intercambio, donación y venta accesible de libros. La iniciativa busca acercar la literatura a personas que transitan diariamente por la zona, eliminando barreras tradicionales asociadas a librerías o bibliotecas formales.
Ubicada en la esquina de la 13 Oriente y la avenida 16 de Septiembre, la caseta opera desde diciembre de 2025 como un punto abierto al público donde cualquier persona puede hojear ejemplares, intercambiarlos o adquirirlos a bajo costo. El proyecto fue impulsado por Gonzalo Yamil Rosas, quien decidió rescatar un expendio en desuso y convertirlo en un espacio cultural accesible para todos los sectores sociales.
El modelo de funcionamiento es flexible: algunos libros pueden tomarse gratuitamente, otros se obtienen mediante trueque y varios se ofrecen a precios simbólicos, con la intención de demostrar que la lectura no debe considerarse un lujo. El acervo incluye desde diccionarios y enciclopedias hasta novelas, revistas y periódicos, sin restricciones temáticas, bajo la premisa de fomentar la lectura sin prejuicios ni jerarquías literarias.
De acuerdo con su creador, el proyecto nació tras la búsqueda de nuevos espacios culturales en la vía pública, luego de que iniciativas similares fueran retiradas de otros puntos de la ciudad. La caseta pretende recuperar la confianza de quienes sienten distancia hacia los espacios culturales tradicionales, llevando los libros directamente al entorno cotidiano de los ciudadanos.
Además de incentivar el hábito lector entre adultos, la iniciativa también busca acercar la literatura a niñas y niños y fortalecer la convivencia comunitaria. Personas trabajadoras, estudiantes e incluso población en situación vulnerable han encontrado en la caseta un punto de encuentro donde la lectura ocurre entre el ruido urbano y el tránsito diario, demostrando que los libros pueden formar parte natural del espacio público.

