El beso: un gesto de amor que lleva siglos cantándose

“Bésame, bésame mucho”. Desde que Consuelo Velázquez escribió estas palabras, el bolero Bésame mucho se convirtió en una de las canciones mexicanas más reconocidas en el mundo y en una de las más interpretadas por artistas de distintas generaciones. Pedro Infante, Lucho Gatica, Javier Solís, Frank Sinatra, The Beatles, Andrea Bocelli y muchos más la han interpretado; décadas después también llegó a públicos jóvenes de la versión de la banda mexicana de rock Zoé.

La vigencia de la canción no es casual. El beso es uno de los gestos amorosos más antiguos y universales, y durante siglos ha aparecido en poemas, canciones y relatos como símbolo de deseo, enamoramiento, unión y despedida.

“El beso en los cancioneros es un tópico que emerge continuamente desde la antigüedad en la poesía, en las canciones, en la poesía que se cantaba, se recitaba”, explicó María Ana Beatriz Masera Cerutti, investigadora de la Unidad de Investigación sobre Representaciones Culturales y Sociales de la UNAM Morelia.

Para la especialista, el beso tiene muchos significados dependiendo del contexto. Puede formar parte de ceremonias religiosas o matrimoniales, representar una forma de entrega, como ocurre con el beso de Judas, o simbolizar un vínculo entre personas.

Sin embargo, cuando aparece en la poesía profana y en las canciones amorosas, suele adquirir una connotación erótica y convertirse en una forma de expresar el deseo entre amantes.

Un gesto que viajó durante siglos

Mucho antes de que existieran los boleros, las canciones populares ya hablaban de besos.

En la antigua lírica hispánica pueden encontrarse numerosas composiciones en las que los amantes se piden un beso, hablan de él o juegan con sus consecuencias. En esas canciones medievales, el beso aparecía frecuentemente acompañado del abrazo como una forma de representar el cortejo.

Así, una muchacha podía pedirle un beso a un caballero; otra podía contar que había sido besada por un joven, y algunas canciones jugaban incluso con el temor de que una madre descubriera el encuentro amoroso.

Estos temas viajaron de generación en generación y sobrevivieron a través de los siglos. Algunas de aquellas composiciones fueron cantadas nuevamente durante los siglos XVI y XVII, y sus motivos reaparecieron posteriormente en otros cancioneros.

Para Macera, esto permite entender que las canciones no surgen aisladas: forman parte de una tradición que se transforma continuamente.

“Los textos se cantaron, son tradicionales y pasan de un lugar a otro”, explica.

El beso llega a las canciones mexicanas

La canción mexicana tampoco nació de una sola tradición. El cancionero que hoy identificamos como mexicano reúne influencias de distintos orígenes y tradiciones culturales.

“Es una canción que tiene elementos que vienen de muchos lugares”.

A través de la oralidad, las canciones viajaron entre comunidades rurales y urbanas, cambiaron sus letras y fueron incorporando nuevas formas de expresar el amor. El beso permaneció como uno de esos elementos.

En el Cancionero folklórico de México, por ejemplo, aparecen composiciones tradicionales que lo presentan como una petición amorosa. En una de ellas, un hombre pide un beso de la persona amada; en La Llorona, otro de los grandes referentes del cancionero mexicano, el beso aparece junto a la mirada como una forma de correspondencia amorosa.

El tópico también llegó a los cancioneros impresos y a publicaciones populares. De esta manera, el beso podía encontrarse tanto en canciones transmitidas oralmente como en composiciones que circulaban en impresos, revistas y cancioneros.

Entonces llegó Consuelo Velázquez

En el siglo XX, el beso encontró una de sus expresiones más famosas en Bésame mucho, el bolero compuesto por Consuelo Velázquez.

Con el tiempo, la canción se convirtió en una de las composiciones mexicanas más conocidas internacionalmente y ha sido interpretada por numerosos artistas de distintas generaciones.

Su importancia también está en que colocó una voz femenina en el centro de una canción abiertamente amorosa y sensual. “Lo muy interesante es que fue creada por una mujer y cantada por una mujer”.

La canción expresa el deseo de aprovechar la cercanía del ser amado ante la posibilidad de una separación. El beso deja de ser únicamente un gesto mencionado dentro de una historia de amor y se convierte en el centro mismo de la canción.

Además, su enorme difusión hizo que trascendiera las fronteras de México. Fue llevada al cine, a la radio y a escenarios de todo el mundo, con versiones en diferentes idiomas y estilos.

El beso que sigue vigente

En las canciones contemporáneas, el lenguaje del amor también ha cambiado. La sensualidad puede expresarse de manera mucho más directa y explícita en géneros actuales, mientras que el beso en las canciones tradicionales y en el bolero suele funcionar como una forma de sugerir el deseo. Pero el gesto permanece.

Quizá una de las razones de su permanencia sea precisamente su capacidad para comunicar intimidad sin necesidad de explicarla.

Las canciones permiten recordar, enamorar, despedirse y expresar aquello que muchas veces resulta difícil decir directamente. Por eso el beso aparece una y otra vez: porque forma parte de un lenguaje amoroso que distintas generaciones reconocen.

Y aunque las formas de cantar al amor cambien, hay algo que permanece: el deseo de acercarse a otra persona y convertir un beso en canción.

Revista Global UNAM/Michel Olguín Lacunza

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