El escriba, mata a Jano

El guerrero, amante de la libertad al final se convirtió en su propio enemigo y victimario.

Calles obscuras

Por Román Sánchez Zamora –

El escriba, observa, escribe, reflexiona para si en si mismo, no busca desmitificar otras vidas ni la propia, no gritará en las plazas sus placeres, aficiones y distorsiones mentales, esas son secretas hasta para el mismo, redescubrirse y reescribirse al final de cada año.

Jano es sus sueños, pasiones, letras, víctimas, en donde verá sus pasados y futuros, sentirá su presente y se atreverá a interpretar sus futuros, basado en las causalidades de Kant, en la hermenéutica de Foucault, bajo la observación y crítica de Nietzsche, al final, ¿A quien se le debe tener contento con la vida de uno?

En realidad, cuántos creen que se deba complacer a un algo, o a alguien para los finales más allá de la vida, la tierra estaría poblaba de fantasmas, de los seres más horribles por su falta de pericia para vivir y ahora para morir.

El escriba atenta contra Jano para cambiar posibles realidades, mejorar a sus amigos, mejorar sus sueños, modificar sociedades, interceder por los que se han perdido buscando una nueva oportunidad, en donde su mirada los aleja más y más de sus sueños.

La vida de los condenados se describe en la palabra popular: el que nace para maceta no sale del corredor, y todos somos del mismo barro, pero no es lo mismo bacín que jarro…

El escriba, lejano a todo, todos quieren verle, saberse en sus letras y palabras, piensan que por error lo ofendieron, le dejaron sólo; le abandonaron y se fue.

El escriba en otros lugares, matices y sueños, solo se vuelve interprete para enemigos de sus amigos y que al hablar puede provocar la desaparición del pasado, solo por jugar, por soñar en serlo y pensar que alguien debe tomar ese papel en donde puede ser soñador, amante, sediento verdugo, volver a Jano…

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