No busques, tu vida en la muerte, en lo ido, en musgos, panteones, el sueño debe ser
propio.
Híper realidades
Román Sánchez Zamora
El conocernos fue parte del quiebre en mi vida.
Una casa lejana a la mía.
Más museo que casa.
Un templo de la opulencia.
Del refrigerador disponible para todos en todo momento, más allá de las tortillas, un
jitomate o un bote de yogur con sopa fría.
Un espacio para cada cosa y actividad, desde las herramientas, hasta una casa para el perro,
que deseaba en niñez.
De anécdotas de otra u otras casas, producto de una herencia, de éxitos del abuelo de otros
años, cuando el propio presidente de la república, le llamaba y acordaban ir a la montaña,
donde pasaron años de su infancia.
Esas visitas, que recordaban que traían a gente extraña a revisar la casa, la recámara, y
hasta conectar un teléfono que configuraba personal del Ejército.
Muchas preguntas quedaron en mi cabeza.
Nadie de estas personas trabajó esa fortuna.
¿Por qué comencé a luchar con un ser del pasado para lograr algo similar?
Parece que yo tenía más fantasmas que los que disfrutaban de esos cuadros, nombramientos
y fortunas.
No fueron motivación, no fueron un camino, solo era el camino a la frustración.
Un largo camino de trabajo en soledad.
El otro había sido sido estar en el momento adecuado, en lugar preciso, no todos tienen de
vecino de la niñez a un futuro presidente.
Entonces, supe mi momento en la vida.
Mi espacio.
Mi ser.
Mi circunstancia.
No era entrar al clan, se nace dentro de esos grupos para ser aceptado e impulsado.
Solo unos años estuve atado a ese sueño ajeno, lejano, impropio.
No fue una derrota, fue un triunfo que me hizo hacer vida, vivir lo mío, lejos de sueños
ajenos e impropios como esa familia envuelta de fantasmas que gritaban ecos de otro
tiempo.
Mi vida inventada y fraguada por mí.

