La corrupción de la política


El tema está más que visto, comentado, juzgado y hasta sentenciado en las redes sociales y en los centros de poder: dos diputadas locales de Morena y dos invitadas al podcast “Descasadas”, se burlaron de los hombres de la tercera edad; las dos principales expresiones de estas legisladoras fueron que los adultos mayores “huelen a baúl del recuerdo” y “apestan”, pero continuaron con sus comentarios describiendo de manera despectiva a los ancianos.
Estas declaraciones, dijeron las legisladoras, fueron sacadas de contexto. Por el contrario, para la opinión pública, para los usuarios de redes sociales, para la estructura política de su partido y para los ciudadanos el contexto de las diatribas de estas señoras está claramente definido.
En primer lugar, sus comentarios no se hicieron en una charla privada de café, fueron comentarios hechos por personas públicas -dos legisladoras- en un programa de audio digital y difundidos en las redes sociales; es decir, fueron comentarios públicos y, por tanto sujetos al juicio público.
En segundo lugar, quienes emitieron esos comentarios son dos legisladoras del Movimiento de Regeneración Nacional (Morena), uno de cuyos objetivos principales es revalorar a las personas de la tercera edad. Lejos de ubicarlos en el descarte, la 4T reconoce el papel del adulto mayor en el desarrollo de la sociedad y la experiencia que aporta al país.
Además, estas dos legisladoras no son novatas, no llegaron a la política apenas ahora, se han desempeñado como comunicadoras, han sido militantes de varios partidos (PES, PRI, PVEM, Panal y últimamente Morena) y ocupado otros cargos legislativos. Sus declaraciones contradicen lo que el ciudadano espera de un legislador.
Pero el caso de estas legisladoras no es algo aislado; por el contrario, es reflejo de la pobre calidad que tienen muchos políticos que han sido aceptados o protegidos por Morena; pero también de políticos de otros partidos. Y esto no es de ahora, de maneras diversas, ha formado parte de la cultura político partidista de nuestro país.

De las pistolas al podcast


En el siglo pasado, los diputados se distinguían por su porte machista, sombreros de fieltro, pistola al cinto, siempre a las órdenes del líder de su facción política. Había legisladores casi analfabetos, pero dispuestos a defender sus intereses a punta de pistola.
Dos aspectos distinguían a los legisladores de esos años posrevolucionarios: su pertenencia a un grupo de poder, sea como dirigentes o como miembros, lo que les abría las puertas de la política. La creación del Partido Nacional Revolucionario en 1929, no disolvió estos grupos, los institucionalizó.
Por otro lado, salvo notables excepciones, los legisladores no se distinguieron por su cultura, sus conocimientos y su capacidad intelectual. Su autoridad estaba sustentada en sus relaciones con el poder y en el poder de su pistola.
Eran los tiempos posrevolucionarios, donde política y militarismo estaban unidos, donde una curul era un premio a los méritos ganados en batalla. Después se convirtió en una forma de ser del legislador, hasta que los antiguos revolucionarios fueron desplazados por los civiles.
Hoy, las pistolas han quedado guardadas en el baúl de los recuerdos, como dijo Nay Salvatori; pero padecemos un nuevo tipo de políticos, de los cuales las dos legisladoras en cuestión forman parte y que se caracterizan por el alejamiento de la realidad que viven los ciudadanos, el uso de la mercadotecnia en lugar del proyecto, y la dependencia de las redes sociales.

La frivolidad como política


A partir de la campaña presidencial del año 2000, se aplicó una nueva forma de buscar el voto ciudadano: la frivolidad. Vicente Fox no recorrió el país, se dedicó a hacer declaraciones chuscas (“sacaremos a las víboras y tepocatas”), a presentarse en programas cómicos de televisión; así ganó la presidencia.
Pero el ejemplo más claro y lamentable de esta frivolidad fue la campaña electoral de Xóchitl Gálvez. Bailar, brincar, disfrazarse, pegar chicles en las sillas, desatinos en los debates, fueron las características de quien aspiraba a gobernar el país.
El lamentable episodio de las diputadas forma parte de esta forma de querer hacer política al estilo de los influencers que buscan proyectar su imagen e influir a través de las redes sociales.
Lo lamentable es que la política es algo más que la proyección de una imagen, la manipulación de la audiencia y el número de seguidores. La política tiene que ver con toda la estructura social, la política reclama respuestas claras, pertinentes y viables a los retos de la sociedad, de los pueblos, de las naciones. La política consiste en presentar proyectos estructurales que abarquen todos los campos de la vida social: gobierno, economía, educación, salud, alimentación, seguridad, justicia, cuidado del medio ambiente, integración regional e internacional, cultura y deporte.

Nueva alerta para Morena


La reacción del comité estatal de Morena frente a los comentarios de las dos diputadas fue tibio, proyectó una dirigencia débil frente a los retos de 2027; tuvo que ser la dirigencia nacional la que asumió la investigación y previó las posibles sanciones.
Pero este episodio muestra los peligros de acoger bajo los colores de Morena a cualquier político o política que busque el cobijo del partido gobernante. Muchos son los casos de funcionarios públicos militantes de Morena que llegaron a ese movimiento en busca de seguir viviendo del presupuesto, pero sin asumir uno solo de los principios que sustentan al programa de la Cuarta Transformación.
Es el caso de las dos diputadas. Una, que llegó a una diputación federal por el Partido Encuentro Social y después se pasó a Morena; otra, que inició su ruta política en las juventudes priistas, llegó a diputada federal por el Partido Verde, buscó ser candidata a gobernadora por Movimiento Ciudadano y es diputada local por Morena.

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