La sirena, algo más que una leyenda en Epatlán

La laguna de Epatlán es un cuerpo de agua ubicado entre los municipios de San Juan Epatlán y San Felipe Xochiltepec, bajo sus aguas tranquilas abunda la mojarra y otros peces, el tule de sus orillas forma parte integral del ecosistema de ese cuerpo de agua que, según analistas, llega a un millón 200 mil metros cúbicos. En torno a ella hay cabañas, pequeños restaurantes donde el bocado principal es la mojarra; aparte de los pescadores, los visitantes navegan en “el pequeño mar” en lanchas turísticas. Es también un lugar de descanso para las aves migratorias, entre ellas patos y garzas.

El gobierno del Estado realiza el proyecto de un parque ecoturístico que incentive el turismo nacional y contribuya al desarrollo económico de una región rica en espacios turísticos y tradiciones ancestrales, entre ellas leyendas que corren de boca en oído entre los habitantes en torno a la laguna. Sus aguas, el entorno geográfico, las vías de acceso, su riqueza gastronómica, la hospitalidad de sus moradores y la riqueza cultural se verán fortalecidas con este proyecto que está ya en ejecución.

Como otras lagunas del estado de Puebla, la de Epatlán tiene sus leyendas, narraciones populares que tienen algo en común: la relación del agua con la mujer.

Una leyenda poco conocida narra el origen de la laguna: un caminante portaba un cántaro de barro lleno de agua; agotado, sin fuerzas, al bajar el cerro se le cayó el cántaro y el agua formó la laguna.

Sin embargo, la leyenda más conocida y que converge con las de otras lagunas, se refiere al papel de la mujer y el agua.

Va la leyenda:

En las orillas de la laguna de Epatlán crece el tule, una planta con cuyos tallos se elaboran petates, canastos, sopladores e incluso juguetes. Una costumbre de los lugareños era cortar el tule para utilizarlo en cualquiera de estas artesanías. Sin embargo, la leyenda cuenta que un anciano pescador llamado Sevario, acostumbrado como todos a cortar el tule, un día fue sorprendido por una sirena que le advirtió que si seguían cortando el tule, ella secaría la laguna.

El anciano volvió a su casa y le contó a su mujer lo que le había pasado; sin embargo, la esposa no le creyó. Fue después a contárselo a sus amigos que tampoco le creyeron. Siguió así la recolección del tule, hasta que poco a poco el nivel de agua de la laguna comenzó a bajar de manera alarmante hasta quedar convertida en un charco.

Ante esta situación, los vecinos fueron a ver a Sevario y le pidieron que llamara a la sirena para saber qué quería. El anciano fue a la que antes era una gran laguna y le preguntó a la sirena cómo volver a tener su hermosa laguna. Ella contestó que le llevaran un vestido de novia y otros regalos -otra versión añade la celebración de una misa en las orillas de la laguna- y que dejaran de cortar el tule.

Así lo hizo la gente y tras cumplir lo solicitado por la sirena, se desató una fuerte tormenta, tras la cual, la laguna volvió a tener el nivel de agua que tenía.

Hay quienes aseguran que no conviene salir a pescar de madrugada porque se pueden encontrar con la sirena; así que es mejor salir ya de mañana.

La laguna y la mujer

Esta leyenda, aunque se generó ya en el siglo XX, coincide con las creadas en torno a otras lagunas porque, de acuerdo con estudiosos de las tradiciones de origen náhuatl, tienen una estrecha relación con la mujer y con la muerte.

En la teogonía náhuatl, chalchiutlicue, esposa de Tláloc, es la diosa del agua; ella es protectora del agua como Tláloc es de la lluvia; por esto, la diosa custodia las lagunas y en las leyendas se presenta de diversas formas femeninas, quien custodia el agua es siempre una asihuat (mujer).

En la laguna de Epatlán es una sirena la que se presenta como protectora del ecosistema, la que pide no destruirlo con el corte de tule, porque de no obedecer su petición, la laguna muere. Es, por tanto, una leyenda sobre el cuidado de nuestra casa común: el mundo, la naturaleza y la responsabilidad del ser humano de proteger el medio ambiente que le da de comer, le brinda descanso y alegría.

Sin embargo, esta leyenda es muy diferente a las de otras lagunas poblanas, porque en esta el mensaje es el cuidado de la naturaleza; sin embargo, en otras es el castigo a los hombres.

Así en la leyenda de la laguna de Aljojuca, es una niña, una pastorcita que por intentar salvar una de sus ovejas se hunde y muere en la laguna y se convierte en una sirena que atrae a los hombres para ahogarlos en sus aguas.

En la laguna de Alchichica también la leyenda habla de una sirena mata hombres, a los que cautiva con su canto y sus encantos durante las noches de luna llena, hasta inducirlos a entrar en la laguna.

Algo parecido narra la leyenda de la laguna de Pahuatlán, en la Sierra Norte, donde la sirena Selema ha envenenado el agua de la laguna, de modo que cualquier hombre que beba de ella, muere.

En Epatlán, por el contrario, la que muere es la laguna si el hombre no la cuida y cuida su medio ambiente.

Otro ambiente se calienta

En Morena se ha iniciado el proceso de registro para coordinadores de los Comités de Defensa de la Transformación y la Soberanía Nacional, virtuales candidatos a presidentes municipales en el estado de Puebla.

Para Izúcar de Matamoros aspiran a este cargo el actual alcalde Eliseo Morales, Alejandro Armenta Rosas, sobrino del gobernador, y el doctor Melitón Lozano Pérez. En la ciudad de Puebla el abanico es más amplio: el alcalde Chedraui, la boxeadora Gabriela Sánchez, el senador Alejandro Carvajal  y la doctora Ana Lluvia García Vilchis.

Desde mi Punto de Vista, quienes garantizan el fortalecimiento de la 4T en ambos municipios son el doctor Melitón Lozano Pérez y la doctora Ana Lluvia García Vilchis, ambos han sido militantes de la izquierda desde su inicio en la política, han participado en la fundación de Morena y no representan otros intereses que los de la izquierda mexicana.

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