El soñador sueña porque puede y es su único lugar de escape a una realidad que lo atrapa
Híper realidades
Román Sánchez Zamora
Termina un año más, pienso que el mundo volverá iniciar, que es una nueva oportunidad, que todo va a cambiar, que este fue medianamente bueno, o muy bueno, pero que el próximo año será mejor.
Las mismas costumbres, las mismas prácticas, los mismos sueños, las mismas amistades, por supuesto que el próximo año será igual, no tiene porque cambiar cuando ninguno de los factores ha cambiado, ha incrementado su valía o la ha reducido.
La magia de una mirada no aparece.
El sueño de un torque de suerte no llega.
La espera ha sido de muchos años, y aún así se sigue esperando.
El año comienza, y la crisis de la des capitalización general se ve reflejada en las necesidades, de los que solo esperan, algunos desean cambiar su vida y al final de una semana vuelven a sus costumbres.
Se culpa a la vida, a los familiares, a los amigos, a los entornos, pero uno no hace un esfuerzo por salir de allí.
Observas tus manos, los dedos ya no son robustos y derechos, de pronto un dedo comienza a temblar, la piel ha dejado de ser brillante, la agilidad poco a poco se va yendo.
La vista ya no es la misma, hay que tomar unos lentes para poder ver y se alejan los libros o ser acercan mas de lo habitual, y después de un rato los ojos arden, lloran, se enrojecen…Cada minuto, se va para no volver y así es desde que nacimos, pero se tomaron decisiones y se piensa en la felicidad como en algo ajeno, lejano, impropio, hasta prohibido.
En las noches, en los sueños, llegan los amigos y se ríe uno, las personas lejanas y hasta muertas llegan a esa tertulia y enloquece uno de la emoción, el secreto vivirá siempre.

