Los Híper herederos

El mundo, nunca se va, cada uno se siente indispensable, cada uno reemplazable…

Híper realidades

Román Sánchez Zamora

Vivía desde la soledad, moría desde la soledad, soñaba desde lo lejano, suspiraba lejos de las amistades, nunca fui más ajeno a la vida del mundo.

Me arreglaron el cabello, por un momento mi vida estuvo con algo nuevo, al poco tiempo pensé en pintarme esta melena, para que más gente me viera y me sintiera más acompañado.

El mismo ruido de las llantas del supermercado, siempre fueron para mí mejores que los gritos en los mercados, pero allí, en ese sitio muchos me conocían, sabían de mi, sabían de mi pasado y algunos aún o preguntaban sobre mis padres, sobre mis hermanos.

Los hermanos uno a uno se fueron de casa y poco a poco se hicieron ajenos a los padres, un día ellos me abandonaron en esta vida, pero me tocó cuidarles y verlos, hasta que un día me vi solo en esa casa, en ese departamento, en ese jardín, en este mundo, demasiado grande para un tipo que no tuvo más sueño que vivir al día siguiente.

Un día me vi, con la ropa vieja, con relojes antiguos, con periódicos en un revistero que quedo lejos de este tiempo desde hace ya diez años, muchos años, muchos sueños, muchos momentos que ya no fueron míos.

Los juguetes siguieron en el patio, el plástico podrido, las maderas hinchadas, los carritos opacos, las bicicletas oxidadas sin aire en las llantas, el esqueleto de algunos ratones bajo esas cajas, casas de muñecos y un día hasta apareció la piel de un gato, Veneno de llamaba, un día hasta cambiaron el asfalto y el drenaje en la calle pero al interior las tazas de baño continuaban opacas, muy limpias pero viejas, dos puertas ya no cerraban, el polvo no dejaba abrir algunas ventanas, porque así le gustaba a mi mamá.

Andariegos…

Salir de la versión móvil