Los emancipadores, se han perdido, ya no inventan, solo son ecos de un pasado improbable.
Híper realidades
Román Sánchez Zamora
El reinventar el mundo es atrevido, subversivo, un acto fuera de control; el sistema ya está,
así debe continuar, contando con salidas para todo tipo de conflicto, desde la muerte, hasta
la compra de voluntades; el caso es que todo debe seguir igual, el control total es el fin y
quien no se somete, se seduce, se compra o se liquida, pero siempre hay un camino.
A los que han propuesto otros caminos el propio sistema los arrincona en el olvido, es
simple una fiesta, una sonrisa, una comparación de una zona a otra por medio de sus
intérpretes, de sus lacayos simplones y que siga la vida entre manos cortadas y la pureza de
la desesperanza, en donde se hecha mano a lo divino, al pasado mismo y se muestra a este
subversivo como enemigo del sistema por medio de turbas cibernéticas, de gritos de
desprestigio desde el género, hasta de impuestos, el caso es callarlo y someterlo, reinventar
su historia, hacerlo criminal, vociferante de una realidad que no conviene y al final solo
escupir sobre un posible quizá, existió, pero nadie lo recuerda.
¿La modernidad está bien?
¿El control de los mercados a cualquier precio?
¿La acumulación desmedida?
La equidad y la igualdad es un secreto que se ufana en un comunismo tardío, en sus
socialismo impuro, sucio, en donde muchos han buscado el absolutismo, y ahora se trata de
limpiar desde sus venas mas conservadoras, en donde el Nobel es parte de un grito cómodo
y conveniente, porque en este confeti de ideas cortas, de frases venidas de mil citas
indescifrables no hay ideas hacia este híper modernismo que se alza como un silencio mas.
Citemos en todo momento el siglo XVII y la caricatura del griego que habla y se desdice
ante seres lejanos y ajenos.

