Una nueva oleada de amenazas de bomba falsas ha interrumpido el tráfico aéreo y los servicios de medios de comunicación en toda Europa, afectando al menos a 18 vuelos en casi una decena de países e interrumpiendo transmisiones periodísticas en Irlanda y el Reino Unido. A pesar de la alerta generalizada, todos los aviones afectados lograron aterrizar de manera segura y las exhaustivas inspecciones policiales confirmaron que no se localizó ningún artefacto explosivo en las aeronaves ni en las instalaciones aeroportuarias.
El impacto directo de las últimas alertas se concentró en nueve vuelos relacionados con Praga, cuatro en territorio francés, dos hacia Sofía y uno en la ruta Lisboa-Roma, vinculando también de forma colateral a redes aéreas de Italia, Chipre, Hungría, Rumanía y Dinamarca. Aunque la agencia Eurocontrol reportó que los retrasos solo representaron el 0.0674% de las más de 26,000 operaciones diarias del continente, la gravedad de los incidentes obligó al gobierno húngaro a desplegar aviones de combate en tres ocasiones para escoltar vuelos civiles en su espacio aéreo.
Fuera de las terminales aéreas, la campaña de intimidación golpeó al sector de la prensa el mismo viernes, provocando la evacuación de redacciones, registros policiales e interrupciones en las emisiones de cadenas de comunicación en Irlanda, así como alertas de seguridad en la cadena británica Sky. El primer ministro irlandés, Micheál Martin, condenó enérgicamente las amenazas argumentando que demuestran lo sencillo que resulta perturbar el orden social y sembrar ansiedad colectiva, por lo que las agencias de seguridad prioritariamente buscan identificar a los responsables.
Estas alertas de aviación se sumaron a otros 35 desvíos de vuelos ocurridos a inicios de la misma semana y a ciberataques simultáneos dirigidos contra los sistemas de refrigeración de supermercados en siete naciones europeas, consolidando la teoría de un esfuerzo coordinado. Aunque los investigadores policiales matizan que aún no existen pruebas definitivas para incriminar formalmente a una organización terrorista o a estados como Rusia o Irán, algunas de las notas de amenaza del jueves aparecieron firmadas por el «Estado Malé», un grupo extremista y ultranacionalista de origen ruso.
Ante este panorama, diversos funcionarios europeos sospechan que la oleada de disturbios cibernéticos y de seguridad responde a una represalia por el respaldo de la región a Ucrania. Al respecto, el ministro de Asuntos Exteriores de España, José Manuel Albares, descartó la posibilidad de que se trate de eventos aislados debido a la réplica exacta del modus operandi en todo el continente, concluyendo que la hipótesis más sólida apunta a que Europa se enfrenta a una campaña de agresión híbrida y guerra psicológica para la cual debe permanecer preparada.

