Fuente: kontrainfo.com
El papa León XIV sostuvo este lunes que «la inteligencia artificial necesita ser desarmada». «La palabra es fuerte, lo sé, pero elegida deliberadamente, porque este momento necesita palabras capaces de llamar la atención, despertar las conciencias e indicar caminos a seguir para la humanidad», afirmó. «Como la energía nuclear, debe estar al servicio de todos y del bien común», afirmó durante la presentación en el Vaticano de la carta encíclica ‘Magnifica humanitas’ sobre la doctrina social de la Iglesia en tiempos de la inteligencia artificial.
Prevost comparó la IA con el desarme nuclear, por el que la Iglesia católica también ha abogado en términos de la necesidad de un control público, el sumo pontífice sostuvo que, «en un sentido similar, la inteligencia artificial exige ahora ser desarmada, liberada de lógicas que la convierten en un instrumento de dominación, exclusión y muerte».
«La paz, no solo la ausencia de guerra, es la justicia en acción, pero cuando la tecnología debilita nuestro sentido crítico, la paz misma está en peligro», advirtió.
En su encíclica, el Papa advierte sobre la cuestión de la propiedad de los datos, que “no puede confiarse sólo al sector privado” ni quedar “vendida o confiada a unos pocos”. En este sentido, reclama una mayor regulación, al tiempo que alerta de que la “IA tiende a aumentar sobre todo el poder de quien ya dispone de recursos económicos, competencias y acceso a los datos”. «En un mundo donde pocos sujetos concentran datos, capital informático y capacidad normativa, hablar de bien común significa desenmascarar esta nueva asimetría epistémica, económica y política, nombrando los nuevos monopolios de la IA», afirma en su carta.
Para León XIV, los principios de la Doctrina Social de la Iglesia —la dignidad de la persona, el bien común, el destino universal de los bienes, la subsidiariedad, la solidaridad y la justicia— deben orientar la toma de decisiones como “criterios para juzgar si las tecnologías sirven realmente a la humanidad o terminan por someterla”.
“El riesgo no es sólo que algunas tecnologías se usen mal, sino que el paradigma tecnocrático en el que estamos inmersos, potenciado por la revolución digital y la IA, haga parecer justa y normal una visión antihumana, según la cual la plenitud de la vida consistiría en tener más, reducir la fragilidad, eliminar lo imprevisto y controlarlo todo”, advierte en Magnifica humanitas. «Más aún, en la era de la IA y de la robótica, ya no es posible confiar únicamente en la “mano invisible” del mercado: la política tiene la tarea de orientar las dinámicas económico-tecnológicas hacia el bien común, promoviendo el trabajo digno, la inclusión social y una distribución equitativa de los beneficios de la innovación», agrega.

