Una oleada de violentos disturbios y saqueos sacudió los centros urbanos de las principales ciudades de Alemania a última hora del sábado, dejando un saldo de decenas de heridos y múltiples arrestos.
Las demandas pacíficas iniciales de miles de jóvenes contra el alto costo de la vida y el servicio militar obligatorio se vieron ensombrecidas por enfrentamientos directos entre manifestantes radicales y los servicios de emergencia en localidades como Frankfurt, Berlín, Hamburgo y Colonia.
La peor parte de los disturbios se registró en el centro financiero de Frankfurt, donde grupos radicalizados destrozaron escaparates, lanzaron cócteles molotov y saquearon diversos comercios, incluyendo una armería y tiendas de calzado. Para contener la situación, la policía desplegó unidades especiales, acordonó la principal vía comercial de la ciudad y recurrió al uso de cañones de agua en otras metrópolis como Hamburgo para dispersar a los atacantes, quienes utilizaban piedras, botellas y fuegos artificiales.
Las autoridades políticas y de seguridad denunciaron que las movilizaciones fueron secuestradas por radicales. Roman Poseck, ministro del Interior del estado de Hesse, detalló que al menos un centenar de extremistas de izquierda se infiltraron en la marcha de Frankfurt, mientras que el jefe de la policía de Colonia, Johannes Hermanns, lamentó profundamente que los reclamos legítimos de la juventud fueran instrumentalizados por delincuentes enfocados únicamente en ejercer la violencia.
A primera hora del día, la jornada civil transcurrió en calma bajo la convocatoria del grupo activista Gen Z regelt («La Generación Z toma el mando»), logrando congregar a decenas de miles de personas en todo el país, con picos de hasta 18,000 asistentes reportados en Berlín, Múnich y Fráncfort. Lina Friedrich, portavoz del colectivo, declaró que el objetivo central era exigir un apoyo presupuestario robusto para los sistemas de salud y educación pública, así como rechazar la obligatoriedad del servicio militar y los recortes al gasto social.
El ministro del Interior alemán, Alexander Dobrindt, aseguró este domingo que la intervención de las fuerzas del orden evitó que el país viviera escenarios de destrucción similares a los vistos recientemente en Francia, donde más de 320,000 jóvenes también salieron a las calles este fin de semana. Asimismo, el funcionario federal exigió la aplicación de castigos severos para todos los alborotadores y saqueadores detenidos durante la noche.

