La otra cara del arte anatómico: cuerpos, poder y ética en cinco siglos de ilustraciones médicas
- Una exposición Reino Unido revela el oscuro trasfondo de las imágenes anatómicas históricas, y sobre el legado ético del arte científico.
Por: Felipe R. Neri.
El arte anatómico, celebrado por su precisión científica y belleza visual, guarda una historia incómoda que pocas veces se cuenta en las salas de museo: ilustraciones y esculturas detalladas del cuerpo humano fueron producto de cuerpos sin consentimiento, de desigualdades sociales y, en ocasiones, de crímenes cometidos para abastecer a anatomistas y artistas.
Una nueva exposición en el Museo de Medicina Thackray de Leeds, Reino Unido, titulada «Bajo las sábanas: anatomía, arte y poder» («Beneath the Sheets: Anatomy, Art and Power») se inauguró el 7 de febrero de 2026 y permanecerá abierta hasta el 27 de junio, pone al descubierto ese pasado sombrío que abarca más de cinco siglos de historia.
Desde la Europa del Renacimiento hasta el siglo XIX, el acceso a cadáveres para estudiar y representar la anatomía humana estaba estrechamente ligado al sistema judicial y a las jerarquías sociales. Ejemplos como la famosa obra de Rembrandt The Anatomy Lesson of Dr. Nicolaes Tulp ilustran cómo cuerpos de criminales ejecutados —como el hombre acusado de robar un abrigo— eran objeto de autopsias públicas que luego se convirtieron en escenas icónicas del arte anatómico.
La exposición invita a los visitantes a reflexionar sobre quiénes son los cuerpos que aparecen en los libros y láminas anatómicas y bajo qué condiciones fueron disecados y representados. En muchos casos, personas marginadas, pobres o sin recursos legales —incluidas mujeres y minorías— nunca dieron su consentimiento para ser objeto de estudio médico ni artística documentación.
La relación entre arte y anatomía nace de la búsqueda de precisión en la representación humana. Artistas renacentistas como Leonardo da Vinci realizaron disecciones para perfeccionar su comprensión de la figura humana, mientras que médicos como Andreas Vesalius revolucionaron los conocimientos anatómicos con De humani corporis fabrica (1543), un texto ilustrado con imágenes tomadas directamente de cadáveres humanos.
Sin embargo, conforme se avanzó en la investigación científica, surgieron prácticas aún más inquietantes. La falta de cuerpos disponibles para disección médica en el siglo XIX generó un mercado negro de cadáveres, con «resurrection men» desenterrando cuerpos de tumbas para venderlos a escuelas de medicina. Incluso criminales como William Burke y William Hare llegaron a asesinar para proveer cuerpos a anatomistas en Escocia.
El debate ético persiste. La exposición de Leeds no solo cuestiona la objetividad tradicional del arte anatómico, sino que también destaca cómo ciertas obras idealizaban o erotizaban los cuerpos, reflejando los prejuicios culturales, de género y raciales de su tiempo.
A pesar de los avances científicos, la representación del cuerpo humano en el arte y la ciencia sigue bajo objeto de reflexión ética y cultural, recordándonos que detrás de cada ilustración hay historias humanas complejas que merecen ser contadas y analizadas con rigor.