Las híper profesiones
El ser humano, ya no sueña, ya no vive, ya no llora, ya no muere, dejó de existir.
Híper realidades
Román Sánchez Zamora
La ilusión del niño, por entrar a estudiar, enfrentarse a nuevas realidades, se prolonga por años, lustros y decenios interminables, para algunos el estudio es perpetuo y para otros termina en la obligación de los doce años en donde las letras no atrapan a todos, y a algunos las sienten más que ajenas, diferentes, impropias, y hasta odiadas.
Las letras que en ocasiones son vértices de libertad, se tornaban en cadenas, modelos viejos, inamovibles, caducos, pero oficiales, porque de ellos solo muy pocos podrán crear, creer y generar nuevos mundos, la voz del filósofo, surge, molesta, inquieta, seduce, motiva ir más allá de los vicios del postmodernismo deja y que el propio neoliberalismo se encargó de dejar huérfanos de patria a todos.
No basta con ser un profesional que genera una actividad repetitiva todo el tiempo y en esa repetición desayuna lo mismo, y cena lo mismo con los mismo, y hablan de lo mismo, para ir a los mismos lugares y volver a casa para lavar lo mismo, hasta que los huesos se cansan y la tierra los espera.
Es el mismo sonido, que nadie se atreve a cambiar, es la moda que se impone, que le imponen, que le dan a tragar, a beber, a vomitar una y otra vez hasta que sea un autómata, sin sueños, sin ideas, solo un número en la lista interminable de seres invisibles.
El verde dejó de serlo, el amarillo y hasta el rojo, ya nada importa porque los colores dejaron de ser lo hermoso del mundo, sus combinaciones, entre la naturaleza, la modernidad y los objetos de uso cotidiano. El dibujo del niño que entrega al papá en sus manos y era motivo de alegrías, pasa a ser un instante y volver a pensar en el mañana inmediato.
Creando verdugos esclavizados.

