Muere Yayoi Kusama, ícono mundial de los lunares
Por: Felipe R. Neri
- La artista japonesa falleció a los 97 años en Tokio; su obra transformó las alucinaciones, los lunares y el infinito en referentes del arte contemporáneo.
La artista japonesa Yayoi Kusama, una de las figuras más reconocidas del arte contemporáneo, murió el pasado 14 de agosto a los 97 años en un hospital de Tokio. La noticia fue comunicada este miércoles 26 de agosto por su estudio, «Yayoi Kusama Inc.», que destacó que la creadora continuó pintando hasta sus últimos días. La causa de muerte no fue especificada.
Nacida el 22 de marzo de 1929 en Matsumoto, Japón, Kusama comenzó a experimentar desde la infancia alucinaciones y visiones que posteriormente convertiría en materia prima de su producción artística. Los lunares, redes repetitivas y patrones obsesivos se transformaron en algunos de los elementos más reconocibles de su lenguaje visual, con el que exploró conceptos como el infinito y la desaparición del individuo.
En 1957 se trasladó a Nueva York, donde rápidamente se incorporó a la escena artística de vanguardia de los años sesenta. Allí desarrolló pinturas, esculturas, instalaciones y performances, además de participar en acciones de carácter antibélico. Su trabajo coincidió con artistas como Andy Warhol, Claes Oldenburg y Donald Judd, aunque durante varios años permaneció en una posición menos reconocida dentro del circuito artístico.
Uno de sus mayores legados son las llamadas «Infinity Mirror Rooms», instalaciones inmersivas en las que espejos, luces y objetos multiplican visualmente el espacio hasta producir la sensación de encontrarse dentro de un universo interminable. Estas obras alcanzaron una enorme popularidad internacional, especialmente durante las últimas décadas, cuando las exposiciones de Kusama se convirtieron en fenómenos culturales y atrajeron a millones de visitantes.
Su trayectoria también estuvo marcada por una relación estrecha entre creación artística y experiencias psicológicas. En 1977 ingresó voluntariamente a un hospital psiquiátrico de Tokio, donde permaneció durante décadas, mientras trabajaba diariamente en un estudio cercano. Desde ese espacio continuó desarrollando pintura, escultura, literatura e instalaciones, consolidando una producción artística que no se detuvo pese a su aislamiento.
Durante el siglo XXI, Kusama alcanzó una popularidad masiva y se convirtió en una de las artistas contemporáneas más reconocibles del mundo. Sus calabazas, lunares e instalaciones aparecieron en importantes museos y también llegaron a la moda mediante colaboraciones con marcas internacionales como Louis Vuitton. Su estética terminó trascendiendo las galerías para convertirse en un fenómeno de la cultura popular.
En México, su obra también tuvo una recepción destacada con la exposición «Obsesión infinita», presentada en 2014, que acercó al público mexicano a sus instalaciones, pinturas y esculturas. La muestra contribuyó a ampliar el reconocimiento de la artista en el país y confirmó el alcance internacional de un lenguaje visual basado en la repetición, el color y la experiencia inmersiva.
La muerte de Kusama cierra una trayectoria de casi ocho décadas dedicada a la creación artística, pero deja vigente una obra que continúa presente en museos, exposiciones y espacios públicos. Su capacidad para convertir experiencias personales en imágenes universales hizo de sus lunares y espacios infinitos una de las firmas más reconocibles del arte contemporáneo.


