Confirman observatorio solar prehispánico de más de 2,500 años en Puebla
Por: Felipe R. Neri
- El complejo arqueológico sería el más antiguo de su tipo identificado fuera del área maya y aportaría nuevas pistas sobre los conocimientos astronómicos y las relaciones culturales de los antiguos pueblos mesoamericanos.
Investigadores del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) confirmaron que el sitio arqueológico de Teteles de Ávila Castillo, ubicado en la Sierra Norte de Puebla, alberga un complejo arquitectónico que funcionó como observatorio solar hace más de 2 mil 500 años. El hallazgo, dado a conocer el 13 de octubre de 2026, posiciona al lugar como un referente para el estudio de la astronomía prehispánica fuera del área maya.
El descubrimiento es resultado de las investigaciones del Proyecto Arqueológico Teteles de Ávila Castillo, encabezado por el arqueólogo Alberto Diez Barroso Repizo. De acuerdo con el INAH, la disposición de las estructuras del asentamiento conocido como Tetelihtic revela que sus habitantes incorporaron la observación de los astros a la organización de sus espacios ceremoniales y a la medición de los ciclos naturales.
El conjunto astronómico, denominado Grupo E, se localiza al este de la Gran Plaza del recinto ceremonial y está integrado por un patio cuadrangular flanqueado por dos basamentos. La estructura oriental mide aproximadamente 90 metros de largo por 40 de ancho, mientras que la occidental tiene 46 metros de largo por 27 de ancho y habría funcionado como punto de observación del recorrido solar.
Según los especialistas, la orientación de ambas construcciones permitía identificar momentos relevantes del calendario agrícola. A diferencia de otros complejos que señalan los equinoccios desde el centro de sus estructuras, el basamento alargado de Tetelihtic habría servido para reconocer el inicio del ciclo agrícola en febrero y la temporada de cosecha en octubre. Desde el frente del basamento oriental también es posible observar la salida del Sol durante los equinoccios y solsticios.

El INAH destacó que la configuración arquitectónica del sitio presenta similitudes con el Grupo E de Uaxactún, localizado en el departamento de Petén, Guatemala, uno de los referentes arqueológicos para el estudio de la astronomía maya. Ambos conjuntos corresponden al periodo Preclásico Medio, situado entre 1000 y 600 antes de nuestra era; sin embargo, el complejo poblano destaca por sus dimensiones, que duplicarían aproximadamente las del conjunto guatemalteco.
La relevancia del hallazgo también radica en las pistas que ofrece sobre los intercambios y vínculos culturales entre los antiguos habitantes de la región. Los investigadores consideran que la evidencia arquitectónica podría contribuir a esclarecer la relación entre los grupos huastecos y mayas, así como la presencia de tradiciones culturales que posteriormente se desarrollarían entre los pueblos totonacos de la Sierra Norte de Puebla y el norte de Veracruz.
Otra línea de investigación se relaciona con la estrella Canopus, la segunda más brillante del cielo nocturno, cuya aparición en febrero habría tenido importancia para el calendario de los antiguos pobladores. El equipo también estudia una posible asociación con Nantehuitz, una deidad nahua cuyo nombre significa “nuestra madre del sur”. Estas interpretaciones forman parte de las hipótesis arqueológicas que buscan explicar las creencias y prácticas ceremoniales de la población.
De acuerdo con la investigación, Tetelihtic tuvo actividad desde aproximadamente el año 900 antes de nuestra era hasta cerca del año 100 de nuestra era, cuando el asentamiento comenzó a perder parte de su función original. No obstante, las ofrendas encontradas en los alrededores del recinto indican que el lugar continuó teniendo importancia ritual durante siglos posteriores, incluso después de su abandono parcial.
El proyecto arqueológico, cuyos trabajos sistemáticos comenzaron en 2014, ha permitido documentar y conservar diversas estructuras del antiguo centro ceremonial. Con este nuevo hallazgo, Teteles de Ávila Castillo amplía el conocimiento sobre el desarrollo científico, arquitectónico y religioso de las sociedades prehispánicas, y abre nuevas posibilidades para comprender la historia cultural de Puebla y sus conexiones con otras regiones de Mesoamérica.



