Cuarenta años de la muerte de Borges

Cuarenta años de la muerte de Borges
  • Publishedjunio 15, 2026

Este 14 de junio se cumplen 40 años del fallecimiento del escritor argentino Jorge Luis Borges.

“Cuando murió, en 1986, empezó una disputa por la construcción de su nombre. Estadísticamente, después de Cervantes y el Quijote, en nuestra tradición hispanoamericana no hay otro autor que sea tan citado, ni leído, ni consultado, ni estudiado, ni criticado, para bien o para mal, como Borges”, señala Alejandra Giovanna Amatto Cuña, investigadora y profesora de la licenciatura y el posgrado en Estudios Latinoamericanos de la Facultad de Filosofía y Letras (FFyL) de la UNAM. “La literatura hispanoamericana es una antes y otra después de Borges. Esto es algo que no sucede todos los días ni con todos los escritores”.

Para empezar, agrega, es muy importante mencionar que no podemos hablar de un solo Borges. Recordemos que hablamos de un autor muy longevo, quien nació en 1899 y murió en 1986, y que pasó por diferentes etapas.

El otro Borges, el primer Borges

“No es lo mismo el primer Borges, como lo llamó uno de los grandes borgistas que tenemos en América Latina y en México, mi maestro, el doctor Rafael Olea Franco, en su estudio El otro Borges. El primer Borges, que acaba de reeditar el Fondo de Cultura Económica. Comparto con él la pasión por ese primer Borges, diferente al Borges de los últimos años, el más leído, el más conocido”.

Al analizar la década de 1920, Olea Franco encontró que no es el mismo Borges el de Fervor de Buenos Aires, de 1923, que el Borges de 1944, de Ficciones, y el de 1949, de El Aleph.

“Lo primero que tendríamos que recordar, a 40 años de la desaparición de Borges, es que fue un escritor ‘todo terreno’, porque en esos tres grandes géneros, la poesía, el ensayo y el cuento, renovó la literatura hispanoamericana y, me atrevería a decir, mucho de la literatura universal”.

Borges y la literatura gauchesca

“Esa primera parte de Borges es de las que más me atrae”, señala. “De hecho, mi tesis doctoral la hice sobre la tradición gauchesca en los ensayos de Borges”.

Por ese lado, es muy interesante ver al joven Borges, quien regresó de Europa después del periplo familiar en el que buscaban ver cómo avanzaba la enfermedad oftalmológica del padre, la misma que su abuelo tuvo y que él padecería. Este viaje sorprende a la familia en plena Primera Guerra Mundial.

Borges regresa con el deseo de integrarse a la cultura argentina, de explorar el criollismo un poco trasnochado, básicamente porque los movimientos vanguardistas ya tienen mucha influencia en la Argentina de esos años. Incluso, llega con la novedad del ultraísmo, un movimiento que él ayudó a crear.

Al regresar retoma su contacto con esa raíz criollista, de la que se perdió durante los muchos años que estuvo fuera, y crea esta mitología de las orillas, de la tradición gauchesca.

“No hay que olvidar que uno de los libros fundamentales dentro de la formación de Borges fue el Martín Fierro, de José Hernández, y va a ser un gran admirador de autores de literatura gauchesca del siglo XIX, como Eduardo Gutiérrez o Hilario Ascasubi, y va a participar en el grupo Martín Fierro. También en el periodo de Don Segundo Sombra, la gran obra de Ricardo Güiraldes, de 1926, que señala el cierre de la literatura gauchesca”.

El Borges de finales de la década de 1920, y quizá de los primeros cinco años de la década siguiente, en el cierre de este periodo, es el de Historia universal de la infamia, de 1935, un libro de cuentos que va a tener toda una coreografía de relatos universales, y que cierra con esa gran obra maestra de la tradición gauchesca: Hombre de la esquina rosada, que empezó a trabajar desde mediados de la década de 1920, llamándolo Leyenda policial y Hombres pelearon, explica la investigadora.

Después vendrá un Borges que comenzará a crear otros temas dentro de la tradición fantástica y de la tradición policial, pero el tema de lo gauchesco siempre va a estar presente en su literatura.

“En su poesía, en sus ensayos, incluso en sus cuentos de la década de 1970 va a regresar, porque nunca fue un tema ni menor ni liminal en su literatura”.

Lo gauchesco está en relatos que después van a salir en libros como El libro de arena; va a seguir la genealogía de Juan Moreira, novela de Eduardo Gutiérrez publicada en 1879, pero también va a estar presente en sus libros de ensayos.

“En 1932 publica Discusión, un libro de ensayos muy significativo, en cuya primera edición hay textos dedicados al coronel Ascasubi y al Martín Fierro. En la edición de 1952 de Discusión, esos ensayos se van a fusionar en La poesía gauchesca”.

En los años 40 va a dar conferencias muy importantes sobre el tema gauchesco. “Por ejemplo, Aspectos de la literatura gauchesca, que dio en el Paraninfo de la Universidad de Montevideo en octubre de 1945; en esa conferencia leyó un poema fundamental para entender lo gauchesco con lo político. En el Poema conjetural hay un verso que dice: ‘Vencen los bárbaros, los gauchos vencen’. Esa conferencia va a aparecer impresa en 1950”.

Siempre va a retomar el tema gauchesco, más allá de que sea un autor universal en los años 40, en los que publicó Ficciones y El Aleph, sus dos maravillosos libros de cuentos de esa década.

La década de 1940 en la literatura borgeana

“Yo creo que El Aleph es la culminación de una década fundamental en la literatura de Borges, que inicia en 1940 con la publicación de la Antología de la literatura fantástica, junto con Silvina Ocampo y Adolfo Bioy Casares, quienes van a abrir una puerta enorme a una tradición que hasta ese momento era bastante marginal en la Argentina y en el resto de América Latina, pero que después se volvió una tradición consagrada”.

En 1944, con Ficciones, hace una gran apuesta de renovación, tanto de la literatura fantástica como de la literatura policial, en la tradición no solo argentina, sino hispanoamericana.

Entre los siete cuentos de ese libro está “Tlön, Uqbar, Orbis Tertius”, un texto fundamental, “con el que probaba en el campo de batalla literario las grandes innovaciones que estaba proponiendo a nivel de la literatura. Y sus cuentos eran eso: nos dejaba claro que la única manera, o una de las maneras más eficaces de subvertir una tradición, es conociéndola”.

En “La muerte y la brújula”, un texto casi antitético de la fórmula de la literatura policial, sigue todos sus pasos, pero la subvierte.

“Y El Aleph, de 1949, tanto el cuento como todo el libro, va a ser la síntesis de esa gran década para la narrativa de Borges, porque además es un texto que juega mucho con lo humorístico. No hay que olvidar que Borges tenía un humor muy especial, y hace una crítica muy fuerte al sistema literario argentino de su tiempo”.

Se burla de la tradición costumbrista, pomposa, de muchos poetas con los que incluso había participado en concursos de poemas, en los que siempre quedaba en segundo o en tercer lugar.

“El personaje de ‘El Aleph’, Carlos Argentino Daneri, es un personaje prototípico, burlón, en el que Borges critica con toda la malicia del mundo a esos personajes que existían en la vida literaria de la Argentina, bastante controvertidos dentro de ese mundo”.

“El Aleph” y “Tlön, Uqbar, Orbis Tertius” son dos muestras de la década de 1940 de la literatura fantástica, una literatura muy compleja, muy trabajada desde el lenguaje, y toda una categoría de cuento analítico.

Borges y el Nobel de Literatura

“Borges no recibió el Premio Nobel de Literatura, pero en ocasiones pasa a la historia quien no lo recibe, aunque lo haya merecido, y de algunos que lo han ganado no recordamos sus nombres. Aunque estuvo varias veces en la lista de los Nobel, no se lo dieron, pero eso no le quita nada a su literatura. María Kodama, su viuda, siempre insistió en que Borges tenía muy claro que probablemente no le dieran el Nobel”, dice Amatto Cuña.

“Con su muerte, se inició, creo, toda una mitología, porque era una figura muy disputada frente al problema de la vida del autor, su vida política y la separación de su literatura”.

Semillero de estudiosos

“Borges ha sido también origen de un semillero de estudiosos, de estudiosas, de lectores, de lectoras. Es un autor cuya obra abarca muchos géneros y muchas dimensiones de la cultura y del conocimiento, además de la literatura, como la filosofía, la teología y la lingüística”, considera la académica.

“Quienes nos dedicamos al estudio de la literatura borgeana no podemos considerarnos expertos. Quizá tengamos un conocimiento de una parte de la obra de Borges, pero no de la obra total. Yo me considero una estudiosa de la obra fantástica, gauchesca y policial, por ejemplo, pero no domino nada de lo que tenga que ver con la cábala o con los estudios metafísicos”, señala la profesora Amatto Cuña.

Las imperfecciones de Borges

“Decir que la obra de Borges es perfecta desde el principio hasta el fin, como a veces lo presentan en esas odas empantanadas, es mentir un poco con la propia visión de Borges, porque en su literatura también encontramos imperfecciones, dificultades con la lengua, ripios”.

Además, Borges también fue un autor un poco tramposo. Por ejemplo, prohibió que sus ensayos de la década de 1920 se volvieran a reeditar, como InquisicionesEl tamaño de mi esperanza y El idioma de los argentinos, que se conocieron hasta los años 90, cuando María Kodama autorizó las reediciones de esos textos.

En el caso de la poesía, cambiaba muchísimo de una edición a otra. Los poemas que publica en Fervor de Buenos Aires, de 1923, que además es una edición de autor, pagada por su papá, se cambiaron. Esos poemas y otros de poemarios como Cuaderno San Martín, de 1928, “yo diría que incluso fueron mutilados”.

Un regalo

“Siempre he pensado que, para quienes nos gusta la literatura, Borges es un regalo. Es un autor que, como les digo a mis estudiantes, nos presenta desafíos, porque no vamos a entrar en el mundo de Borges pensando que todo lo vamos a comprender de un día para otro, pero es un autor que nos va llevando a otras referencias, algunas falsas, otras verdaderas; nos va abriendo la posibilidad de conocer otros textos que son importantes, que nos van a ir formando en toda una tradición literaria”.

“Por eso me gusta decir que Borges nos enseña que la literatura es una forma de conocimiento. Creo que eso es una experiencia bellísima para quienes nos dedicamos a su estudio, y nos gusta”, finalizó la académica de la FFyL.

Por Leonardo Huerta Mendoza/Revista UNAM Global