El anhelo de las voces

El gusto por una persona, pude hacer que uno cambie de radical el pensamiento de
uno mismo, la influencia que produce con una palabra, pude cambiar una vida, para
siempre.
Calles obscuras
Román Sánchez Zamora
Herminio, no era un nombre muy atractivo que digamos, menos aún en las montañas, de los
más pobres, flacos, con el pelo muy corto para que no se me pegaran los piojos, eso me
decía mi mamá.
Un día, ella llegó al pueblo; la hija de un ingeniero y una profesora, Grecia se llamaba, la
chica más bonita que había visto, nunca había visto unos dientes más perfectos que cuando
sonreía, me decían que regresara a la realidad; y sí, hasta el aliento se me iba.
Le vi sola y me presenté, ella sonrió al escuchar mi nombre
-Que bonito suena con tu voz- me dijo mirándome a los ojos.
Desde ese momento mi nombre no solo me gustó, sino que lo vi como el más hermoso, mi
nombre era raro y cada que alguien se llamaba como yo no me agradaba, me gustaba ser
único desde ese día.
Platicábamos mucho, me hablaba de libros, de lugares que había ido con su papá que
seguro estarían como 6 años en el pueblo por los proyectos de la carretera y los puentes.
Al tenor de su mirada, comencé a leer libros sin fotografías, ni dibujos, me decía que
imaginara, pensé que era bueno imaginando hasta que ella llegó y vi que no era yo, quien
yo pensaba.
En su casa arreglaron por Navidad, un árbol, esferas, luces, algo que nunca había visto más
que en ilustraciones.
Su mirada, su voz, lo suave de sus manos me hacia hasta soñar con ella, los mejores amigos
ella me decía, y dentro de mi inocencia… mi día comenzaba al verle llegar a la escuela, o
cuando me llamaba y salía de casa corriendo, no importaba si estaba a medio desayuno…
Un día se marcharon… su familia me arrebato lo más bello de mi vida.