La híper inexistencia
La mayor parte de nuestras vidas es ajena, lo propio es temido y subvalorado.
Híper realidades
Román Sánchez Zamora
El erizarme la piel nació en mí cuando comencé a ver las realidades, dejar de ver la vida de
otros lados, de otros círculos de gente ajena, de gente que nada tenía que ver conmigo, la
riqueza y un espacio desconocido, ajeno y distante.
La madera, bien tratada, barnizada, brillosa, de toque suave, lejos a lo que vivía de
mosaicos verdes, fríos, rayados, pero tenían algo que los hacia especiales, su brillo cuando
mi juventud los veía y escuchaba a mi familia los sueños de salir adelante.
El eco de una mesa de madera sin la simetría correcta decía que la habían hecho personas
que no eran carpinteros y con el tiempo recordé que era para dejar un viejo bote y una
madera que ocupábamos todos los días para comer, pero siempre estaba la familia junta.
De niño en camino al adolescente que buscaba imitar lo que nos mandaban de la capital y
de otras capitales mas importantes, pero en nada se parecían a mi vida, a mis sueños, menos
aun a los lugares donde caminábamos y soñábamos los amigos que con el tiempo muchos
de ellos se volvieron extraños al ver que ellos aceptaban esas letras y voces como suyas,
aunque nunca supieran dónde se quedaron sus sueños.
¿Mis sueños eran míos o eran el producto de las voces distantes? Es complejo quitarse esos
sueños, en donde la felicidad deja de ser propia para transformarse en la de ellos, en sus
frustraciones y en sus anhelos y al poco tiempo ya se siente uno parte de quimeras y lugares
inexistentes.
¿Quién soy? ¿Hacia dónde voy? ¿De dónde vengo? No hay respuesta ante la penetración de
tantos sueños frustrados en mi entorno y todos buscan ser algo que nunca serán, pero que
está marcado en todo camino hacia su fin.