La híper soledad
La soledad no comenzó en las calles sin grietas, la soledad ya estaba en mis venas.
Híper realidades
Román Sánchez Zamora
Al lado del camino real, así como lo hicieron muchos durante años y siglos.
Ese camino, terroso, tolvaredas, soñando un presente lejano, cercano a las bellas artes, a
calles deseadas, pero al final ajenas, porque no son parte de mi entorno, ni de mi familia, ni
de mis amigos.
¿Cómo cambiar mi vida?
Aunque el dinero llegara, todos vuelven donde son conocidos porque los otros círculos los
ven ajenos y con desconfianza, no desean que sus hijos se vean reflejados, o en su defecto
conviviendo esos hijos y los de uno… ¿Qué habría de extraordinario, de identidad, de
sueños y anhelos, hasta la concepción que Dios es diferente?
No sólo se trataba de dinero, quizá porque era el vértice de todas las charlas que se tenían
amigos desde la preparatoria hasta la universidad.
Eran los intereses compartidos, los sueños, hasta las charlas lejos de lo decente, cada chiste
retorcido era parte de mundos en los cuales no se estaban contemplado.
Entonces ni en lo socialmente bueno tampoco era parte de mi identidad, la insatisfacción
perpetua, es el precio de buscar la vida en el dinero, una medalla, o quizá hasta en las
propias letras, era lo que se anhelaba de niños, no el resultado de los sueños de otros.
La identidad entonces está en mis zapatos lodosos, en los que camino todo el tiempo, en la
busqueda de nuevos horizontes y oportunidades, no cerca de las imposiciones y no lejos de
mis orígenes.
Es ir creciendo poco a poco, es sonreír a cada momento, es buscar dentro de los pequeños
espacios de los amigos, los parientes, parte de una identidad que no debe perder o se estará
extraviado para siempre.
Ahora, muchos no buscaron cambiar, evolucionar y allí se perdieron, en si ellos ya no están
y todo ha cambiado.