La voz de la intolerancia

La voz de la intolerancia
  • Publishedjulio 24, 2026

Román Sánchez Zamora 

-Hace años, leí un libro de un tal Juan Pablo Proal, En el cuerpo equivocado.

Tomó un trago de whisky, y prosiguió -que aun joven lo arrastraron con una camioneta por las calles céntricas de la capital del país, atado de los pies y no hubo carpeta de investigación alguna- tomó agua de un vaso.

-El capitán Bravo, pasó por la misma suerte, por otros militares.

-Ya pasado de copas, hablaba de sus secretos y hacía propuestas que no a todos les agradaba.

-Bravo era un tipo cumplido, impecable, siempre bien entrenado, siempre buscaba que sus tropas y destacamentos, ya con mayor rango, fueran de lo mejor y sí que lo eran, por eso con el tiempo lo mandaban a fundar nuevos campos del Ministerio de Guerra.

-Pero el vino, dice un pensamiento, va buscando entre los silencios del alma y los va haciendo palabras

-Se levantó y aventó la copa muy lejos… su escolta de inmediato se puso en alerta y hasta entonces vi que más de 50 elementos resguardaba esa casa, entre militares y otros vestidos de civiles, se resguardaron.

-Una señal del más cercano al General, hizo que todos volvieran a sus actividades, de ayudantes, campesinos jardineros y hasta entonces vi que todos estaban armados, los vehículos usados, se fueron y en unos minutos llegaron otros.

-Llegó un recluta del norte, y este Bravo se emocionó, y era parte de la trampa, un plan en contra de él, eso lo supe con los años, lo embriagaron hasta donde pudo, lo arrastraron por las calles polvosas del norte, lo dejaron en el desierto, sintió el calor del mediodía y fue presa de algunos carroñeros, solo llegaron a rematarlo, y su cabeza quedó bajo una roca.

-Él, fue como un hijo para mí en su instrucción para oficial.