Las híper sobrevivientes

Las híper sobrevivientes
  • Publishedabril 22, 2026

El subir desde el inframundo, por el sueño de la esperanza, así comenzamos.

Híper realidades

Román Sánchez Zamora
La noche fría, no me daba cuenta debajo de mi cobija, en medio de esa cama que mi papá
compró usada, pero para mí era lo más fuerte, de ángulo, colchón de borra, dura, un espacio
mío, nadie se sentaba allí, solo yo, el día que la regalaron se fue una parte de mi y después
de unos meses también me fui de casa.
Esa noche, fue la más fría, porque no estaba mi mamá para taparme nuevamente en esas
noches que sentía como mi cuerpo se congelaba, entre charcos que no terminaban de
secarse, los trabajadores lavaban los cristales de los comercios, los baños, el piso, y muchos
como yo se abrazaban con sus propios brazos, revisando el lento reloj del fondo.
Con sus gorras, camisas sucias, olores a sudor, un pañuelo sucio pero que dejaban secar en
los rayos del sol para seguirlo usando en la obra, entre los costales de cebollas y cajas de
jitomate, esperando les compraran una sopa que rellenarían con tortilla para aguantar más
entre comida y comida.
Esas patas de pollo, bien recibidas, huesos masticados lo más posible, porque era parte del
acuerdo, un pago al día con comida, si no llegaba el velador podría dormir entre los
cartones y el periódico para la maduración de los mangos verdes.
Eran pocas las necesidades, pero los sueños inalcanzables, según yo sería feliz cuando
comprara mi camioneta, o desayunara un pan con huevo, cebolla, chiles y jitomate, para
muchos un bocado de pobres, pero para mi era un sueño.
El frío no cesó, el hambre tampoco, mi destino era rehacer mi vida, esperar los primeros
rayos de sol, sentir como calienta mi cuerpo entre el olor a tierra mojada y perfume de los
que se van a trabajar.

Deidades, eran mi único consuelo y sobrevivir.