Los híper declives
Las necesidades infinitas, los sueños irreales, los anhelos de la esperanza.
Híper realidades
Román Sánchez Zamora
Te levantas, todo sigue igual; llevas 20 años alimentando la misma vida, comienza la
semana con una pesadez, la inercia laboral, escolar, de actividades no cambia, revisas tu
mirada y poco a poco comienza a caerse la piel de los ojos, te das cuenta que hay barba
blanca que antes no había, revisas tu ropa, es vieja, es fea, la voz comienza a mezclarse con
tonos más gruesos, flemas y de momentos se logra ver en mi garganta tonos desconocidos,
me prometo ir al médico como hace seis meses.
Salgo de casa, camino, entro al coche de alquiler, revisas sus manijas sucias, los asientos
con brillo de mugre acumulada en las orillas, la música es detestable, deseo estar en
silencio, pero nada digo porque no deseo alguna charla con algún desconocido.
-¿Al trabajo jefe?
-Así es, así como ayer, y mañana, y el fin de mes.
-Se nota cansado, hay que relajarse, yo llevo un año sin cambiar este empleo que según era
por una semana y he perdido la mayor parte de mi vida, es pesado, pero debo hacer 16
horas manejando, hoy conozco lugares que ni sabía que existían en la ciudad.
Lo observo, sus manos con callos, requemadas por el sol, unos dedos amarillentos, se nota
que ha fumado mucho, sus ojos tiemblan, sus labios no dejan de moverse en un temblor
interminable, su cabello descuidado, se nota su alopecia que hace notar su estrés, veía que
sudaba y se limpiaba.
Bajé del vehículo, no era compararse con los más desafortunados, siempre busca uno más,
pero también está en analizar del porqué me siento con el mundo encima cuando este
caballero pendía su atención de un hilo, supuse.
Me dejó pensando, que hay fortunas que debemos atender, cuidar, pero se deben buscar
caminos de manera permanente.

