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Venezuela y Polonia, dos dictadores

Venezuela y Polonia, dos dictadores
  • Publishedenero 12, 2026

1939: Adolfo Hitler inicia la invasión a Polonia, a pesar de las negociaciones que se realizaban entre Alemania, Inglaterra y Polonia, dando inicio a la Segunda Guerra Mundial. El proyecto del Führer era muy claro: hacer resurgir una Alemania derrotada en la Gran Guerra como la potencia dueña de Europa, la preeminencia de la raza aria por encima de las demás razas y ver a judíos y comunistas como los enemigos a exterminar.

2025: Donald Trump asume el poder en los Estados Unidos y su gran propuesta es volver a hacer grande a su país, aplicar el principio monroista: “América para los americanos” y expulsar a los migrantes.

3 de enero de 2026, dos de la mañana: inicia la “Operación Resolución Absoluta” con comandos de élite de la Fuerza Delta del ejército de los Estados Unidos, con bombardeos en Caracas y otros objetivos militares en tres estados de Venezuela para capturar al presidente de ese país y procesarlo en un tribunal de Nueva York. El pretexto: el narcotráfico; el objetivo: apoderarse del petróleo venezolano e imponer un gobierno fiel al presidente estadounidense.

Es obvio que el mandatario venezonano Nicolás Maduro era autoritario, pero eso no le confiere ninguna facultad al presidente estadounidense para atacar al país sudamericano, secuestrar al jefe de Estado y mucho menos, para proclamarse como gobernante de Venezuela y dueño del petróleo de ese país.

Una historia de expansión

Los primeros migrantes llegaron a lo que hoy es Estados Unidos en 1607; para 1732 se organizaron en 13 colonias que lograron su independencia el 4 de julio de 1776. Sólo ocupaban la parte este del amplio territorio de América. A partir de ese momento inició una serie de expansiones marcadas por la violencia para apoderarse, primero, de los territorios de los pueblos originarios y luego, para extenderse hasta el océano Pacífico y erigirse como la primera potencia de América y del mundo.

Su poder siempre lo ha cimentado en las armas, el capital y el despojo de las riquezas de otros países y México lo ha padecido a lo largo de su vida independiente. La primera intervención armada en 1846, después de controlar Texas, le arrebató al país la mitad de su territorio. A fines del siglo XIX y principios del XX, invadió Cuba, Puerto Rico y despojó a España de Filipinas.

En el siglo XX fueron incontables las acciones bélicas estadounidenses presuntamente para imponer la “democracia” en América y otras partes del mundo. Vietnam fue su guerra más cruel. Ha derrocado gobiernos legítimamente electos para imponer dictaduras. Chile, Bolivia, Brasil, Argentina, Colombia, Guatemala, El Salvador, Honduras, son algunos ejemplos de que a Estados Unidos no le interesa la democracia ni la libertad, sino gobiernos incondicionales que le permitan robar la riqueza del resto de América para mantenerse como potencia mundial, potencia sustentada en la pobreza, el despojo y la sangre de los pueblos del continente.

México ha padecido esta política expansionista y voraz del vecino del norte. Primero fue la invasión -el 16 de septiembre de 1847, la bandera de las barras y las estrellas ondeó en el Palacio Nacional- y meses después se firmó el tratado con el cual Estados Unidos se apoderó de Texas, California, Nevada, Utah, Nuevo México, Arizona y partes de Wyoming y Colorado.

En los años de la Revolución Mexicana, desde la embajada de los Estados Unidos se planeó el golpe de Estado en contra de Francisco I Madero y en 1914 fuerzas estadounidenses bloquearon y se apoderaron del puerto de Veracruz; dos años después, tropas estadounidenses invadieron los estados de Chihuahua y Durango con el pretexto de capturar a Francisco Villa. En Estados Unidos se formaron Salinas, Zedillo y los principales funcionarios de la época neoliberal.

Alerta para todo el continente

La política imperialista estadounidense no es nueva; sin embargo, con la llegada de Donald Trump por segunda vez a la presidencia estadounidense, esta política ha llegado al exceso. Como Hitler en los años 30 del siglo XX, Trump aspira a ser el dominador de América, el dueño del continente; llegó a decir que le gustaría que Canadá y México fueran estados de la Unión Americana.

Por esto, la invasión a Venezuela y el secuestro del presidente Nicolás Maduro y su esposa para procesarlos por narcoterrorismo debe tomarse como una señal de alerta para los países que, como México, han marcado un rumbo diferente al impuesto desde el norte, han dejado atrás al neoliberalismo y aplicado un modelo político y económico diferente.

En el siglo XX, el pretexto para controlar a los países del continente fue el comunismo; hoy es el narcotráfico. Venezuela, Colombia, México, según Estados Unidos son dominados por los “narcoterroristas”. A Nicolás Maduro se le pretende procesar por narcotráfico. Trump ha afirmado que Colombia y México están dominados por las bandas de narcotraficantes. Varias veces ha manifestado su intención de invadir nuestro país con el pretexto de combatir al narco.

Como Colombia, como Venezuela, México tiene petróleo, tiene litio, tiene otros minerales que Estados Unidos desea poseer. Afortunadamente, el gobierno mexicano ha logrado sortear con habilidad y prudencia las presiones de su  vecino del norte, pero, como en cualquier país del mundo, existe una oposición dispuesta a ceder ante el poderoso del norte.

Mientras el gobierno mexicano denuncia la violación de las leyes internacionales con la captura del mandatario venezolano, el presidente del PAN felicita a Trump y se alegra por la invasión estadounidense a Venezuela. La senadora Téllez públicamente ha pedido la intervención de Estados Unidos para cambiar el gobierno de México. La derecha desea el dominio estadounidense en nuestro país.

En 1939, se usaron las armas para mostrar el poder alemán e iniciar la invasión de Europa que provocó millones de muertes, el genocidio de judíos, comunistas e incluso de opositores al régimen de Hitler.

Hoy, se usan las armas para mostrar el poder estadounidense en el Caribe, se bombardea un país para enseñarle al continente de lo que es capaz Trump para levantarse como el dictador de toda América, se captura, encarcela y expulsa a los migrantes latinos porque es la raza blanca la única que debe existir en Estados Unidos, se utiliza la Agencia Central de Inteligencia (CIA) para socavar a los gobiernos y para imponer mandatarios de extrema derecha.

Abiertamente se ha amenazado a Colombia y a México porque se afirma que están manejados por el narcoterrorismo y la oposición y los opinadores afines a ella se llenan la boca de calificativos como narco gobierno, narco partido, narco presidenta, uniéndose como un coro servil al poder trumpista.

Lo de Venezuela no es un caso aislado, forma parte de una estrategia orientada a terminar con todos los gobiernos que Trump considera como enemigos de su “democracia”, de su “libertad”, de su ambición de ser el dueño de todo el continente, como lo fue Hitler en su momento.

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