Dos estadounidenses frente a la guerra
Estas dos semanas, el papa León XIV se encuentra en África, su gira inició el martes 14 y terminará el jueves 23 de abril. Su viaje comprendió Argelia, Camerún, Angola y Guinea Ecuatorial.
La primera visita de León XIV a África se da en el contexto de una guerra marcada por la ambición de poder y escudada en la religión. Israel se escuda en el mito del “pueblo elegido de Dios” y Donald Trump y la ultraderecha fanática argumentan que esta guerra es bendecida por Dios.
Por primera vez, en este siglo, el pastor supremo de la Iglesia Católica condena con toda claridad el uso de la Divinidad para justificar la guerra y ha llamado a la humanidad a luchar por la paz. Esto ha provocado una confrontación de Donald Trump con el Pontífice de origen estadounidense al que ha ofendido directamente al grado de asegurar que a él le debe ocupar hoy la sede de Pedro («Si yo no estuviera en la Casa Blanca, León no estaría en el Vaticano»).
Días antes, afirmó: “El papa León es débil en materia de seguridad” y lo tachó de inepto para el cargo que ocupa. El colmo fue la imagen de Trump como Jesucristo curando a un enfermo.
Además se reveló una reunión en el Pentágono entre altos mandos del ejército estadounidense con el entonces nuncio apostólico Christophe Pierre, en enero de este año, a quien le advirtieron que Estados Unidos tiene el poder militar de hacer lo que quiera y que el Vaticano haría bien en estar de su lado. Le recordaron que en el siglo XIV, el rey de Francia fue capaz de obligar al papa a cambiar su sede a Avignon.
En los primeros meses de su pontificado, el gobierno estadounidense invitó a León XIV a visitar su país de origen con motivo del Día de la Independencia, el 4 de julio; el pontífice declinó la invitación y en ese día, este año, visitará Lampedusa, lugar clave para la defensa de los migrantes. Desde el inicio de su pontificado, el 8 de mayo de 2025, León XIV se ha opuesto a la política migratoria de Trump.
Frente a los últimos ataques del mandatario estadounidense, el Papa ha mantenido una actitud respetuosa pero firme y se ha enfocado en denunciar las causas y efectos de la guerra y hacer un llamado a la paz. Ha puntualizado que luchar por la paz es su misión y reiteró que seguirá proclamando un Evangelio de amor, de fraternidad, de paz.
Los primeros países en visitar fueron Argelia y Camerún, en ambas naciones hizo un llamado a la paz y rechazó la guerra y fue muy claro en señalar a los promotores de la guerra como “un puñado de tiranos”.
“El mundo está siendo devastado por un puñado de tiranos (…) Los señores de la guerra fingen no saber que basta un instante para destruir, pero que a menudo no basta una vida para reconstruir. Disimulan no ver que se necesitan miles de millones de dólares para matar y devastar, y que no se encuentran los recursos necesarios para sanar, educar y levantar”, afirmó en el Encuentro por la Paz en Bamenda, Camerún, una región azotada por la violencia.
No dijo nombres, no señaló países, pero el mensaje fue muy claro: los tiranos de hoy son el primer ministro israelí Benjamín Netanyahu, el asesino de palestinos y Donald Trump que abiertamente ha señalado que a veces es conveniente ser dictador.
Puntualmente ha rechazado que sus declaraciones durante su viaje a África sean señal de una confrontación con Trump y ha explicado que sus intervenciones en ese continente fueron preparadas con anticipación. Sin embargo, ha sido claro: “Seguiré hablando fuerte contra la guerra, buscando promover la paz, el diálogo y el multilateralismo. Demasiada gente sufre, demasiadas vidas inocentes se han perdido… alguien tiene que levantarse y decir que hay un camino mejor.” (Rueda de prensa en el avión rumbo a Argelia).
La extrema derecha estadounidense se ha escudado en el cristianismo; pero no en el católico ni el de las grandes iglesias protestantes. Su cristianismo es el de las sectas que invadieron América Latina en los años 60 y 70 del siglo pasado, sectas milenaristas que anuncian la segunda venida del Mesías y consideran a los habitantes de Israel como el “pueblo elegido”.
De ahí que apoyen el genocidio en Palestina y consideren, junto con Donald Trump, la guerra contra Irán como una “guerra santa”. Ante esto, el estadounidense León XIV es muy claro: “¡Ay de quienes doblegan las religiones y el mismo nombre de Dios a sus propios intereses militares, económicos o políticos, arrastrando lo que es santo hacia lo más sucio y tenebroso!”.
Aun cuando León XIV marque su distancia frente al belicista Trump, la verdad es que estamos siendo testigos de las posturas opuestas de dos estadounidenses frente a la guerra. Uno, que reclama un desprestigiado Nobel de la Paz mientras hace la guerra, que cambia su discurso belicista según el humor con el que amanece; el Otro, un hombre de principios, que mantiene firme su llamado a la paz y su condena a quienes por intereses políticos y económicos optan por la guerra.
Es claro que quien pierde en esta confrontación es quien la ha provocado, quien ha amenazado con usar su poder militar contra el Vaticano, el que ha usado la religión para bendecir la muerte y la destrucción, el que se ha ubicado al mismo nivel de la divinidad.
Más preocupante es que Donald Trump llegó a su segundo mandato por el voto de los electores católicos que hoy, frente a esta confrontación con el Papa, empiezan a negarle el apoyo. El resultado se verá a finales de este año.

