Los híper desgarrados

Los híper desgarrados
  • Publishedabril 24, 2026

Las meditaciones, no tienen tiempo y espacio para nacer, solo surge del sentimiento.

Híper realidades

Román Sánchez Zamora
La fuerza del martillo en mis dedos reflejó del dolor, angustia, sangre, pero lo peor, era esa
realidad en donde no quería estar, en donde me dije que no pisaría, no respiraría, pero ese
olor a cemento, a cal, a humedad de la tierra, a tortillas quemadas por la tapa del fierro que
ocupamos una y mil veces para desayunar, comer y cenar.
El sonido del radio pequeño que se ahogaba por el viento, en muchos momentos por las
goteras o las tormentas, cuando nos debíamos quedar en la obra, porque no había transporte
para llegar al hotel, en otras ocasiones lo acostábamos para que la vibración alejará a los
animales como víboras y alacranes, muchas veces debíamos orinar en latas para ponerlas
alrededor de la obra para que no llegaran animales grandes que nunca vi, pero sí pude
escuchar por las noches como zorras, lobos y hasta venados.
Fue de pronto sentir el dolor y despertar.
¿Quería allí para siempre mi vida?
¿Para eso había nacido?
Ya había aprendido, ya sabía de los mandos en una obra, bañarme en una mansión
deshabitada que llegamos a reparar, hasta en los ríos, en lugares estrechos donde sacábamos
una manguera para poder tomar agua y guisar, hervirla, tomarla y no bajar esos treinta y
cinco pisos en escaleras improvisadas de madera y acero, los materiales los subía una grúa,
hasta los víveres y prácticamente allí vivimos recluidos por semanas, vivir el temor el día
lunes muy temprano para volver a subir.

La vida se escapa muy rápido de nuestros cuerpos, entre charlas, meditaciones lejanas, en
bosques, desiertos, considero que la lejanía en un edificio eran las más profundas, ver a la
gente de lejos.
Estar, observar, meditar, allí mis sentidos maduraron.
Debía volver, escuela y familia, fueron mi motivación, perdido, hundido, pobre…