Deportados por “voluntad de Dios”
Cerca de 190 mil mexicanos han sido deportados por el gobierno de Estados Unidos desde el inicio de la administración de Donald Trump, cuya política migratoria es la más agresiva que el vecino del norte ha tenido con quienes por años han contribuido con su trabajo y sus impuestos al desarrollo estadounidense.
En los 15 meses que lleva el gobierno de Trump se han realizado redadas en varios estados de la Unión Americana por parte de agentes de migración, armados y encapuchados que han capturado migrantes en las calles, los centros comerciales, templos, escuelas, parques y hasta en lugares de trabajo, separando familias, dejando a niños al desamparo o apresándolos también; se les ha recluido en insalubres centros de detención en los cuales han muerto 49 migrantes, 15 de ellos mexicanos.
Es claro que cualquier país tiene derecho a definir quién puede o no entrar en su territorio; para cuidar la seguridad de los ciudadanos y de su soberanía, se prohíbe la entrada a delincuentes o personas que pueden desestabilizar un país.
Sin embargo, los criterios que el gobierno de Trump está siguiendo en su cacería de migrantes son absurdos, al generalizar el calificativo de delincuentes para todos los migrantes e ignorar a los millones de trabajadores honestos que han contribuido al desarrollo de los Estados Unidos.
Justo es reconocer las medidas que el gobierno mexicano ha tomado para volver a acoger a los migrantes expulsados y su reclamo diplomático frente a la muerte de los connacionales en los centros de reclusión estadounidenses.
En varios lugares de la extensa frontera con Estados Unidos y de otros lugares del país a los que llegan los connacionales víctimas de esta absurda política migratoria, se han establecido centros de apoyo que buscan la reinserción de los migrantes en la realidad mexicana.
De acuerdo con un informe de esta política de atención a migrantes, cuando éstos llegan a territorio nacional se les brinda alimentación, se les apoya para el traslado a sus comunidades de origen, se les entrega una tarjeta que les facilita su acceso a la salud y al trabajo, además de afiliarlos al Instituto Mexicano del Seguro Social.
Además, se les facilitan las llamadas telefónicas a sus familiares o conocidos, se realiza su trámite para la Clave Única del Registro de Población (CURP) y el trámite de otros documentos, como el acta de nacimiento.
Una política de extrema derecha
El gobierno de Trump se sustenta en una ideología de extrema derecha cuyos principios se pueden resumir en cuatro palabras: racismo, fanatismo, intervencionismo y belicismo.
La corriente política que hoy gobierna el vecino del norte afirma la supremacía de la raza blanca, por lo que considera a los latinoamericanos como personas no gratas; de ahí el calificativo de “delincuentes”, con el que ha calificado a los migrantes y ha justificado su política represiva Donald Trump.
Además, se ha reafirmado la doctrina que sustenta la idea del “destino manifiesto” que considera que Estados Unidos está llamado por Dios a ser el poder para todo el continente americano, doctrina que se resume en el postulado de James Monroe a inicios del siglo XIX: “América para los americanos”, con el que rechazaba cualquier injerencia europea en América, pero consideraba que era voluntad divina la supremacía estadounidense.
El “destino manifiesto” justifica la intervención de Estados Unidos en cualquier país del continente y explica el fanatismo religioso que hoy justifica la guerra contra Irán, pero también la violación de los derechos humanos de los migrantes por los agentes de migración.
El fanatismo religioso expresado por funcionarios del gobierno estadounidense y bendecido por líderes de las iglesias llamadas absurdamente “cristianas”, ha confirmado esa idea de que es voluntad divina la supremacía blanca, el intervencionismo militar o económico en los países no sólo del continente, sino de todo el mundo y, por tanto, la guerra contra Irán es una guerra santa, bendecida por Dios.
Esta “voluntad divina” está detrás de la invasión a Venezuela y del bloqueo que busca derribar al gobierno cubano; con base en esta misma convicción el gobierno de Trump ha intervenido en los procesos electorales de varios países latinoamericanos para instaurar gobiernos de extrema derecha.
Por todo esto, es lamentable que el otrora honorable Partido Acción Nacional, que fue nacionalista, antiestadounidense, simpatizante de la dictadura católica de Francisco Franco en España, hoy esté alineado con el trumpismo de extrema derecha, fanático, violento con los migrantes, aliado con el genocida de Israel y delarado enemigo del papa León XIV.
¿Cómo es posible que esos “católicos” panistas, como Lilly Téllez, aplaudan e invoquen la intervención estadounidense en México, mientras Donald Trump llama a su paisano León XIV débil, inepto y diga que a él le debe estar en el Vaticano? El panismo ha descendido hasta el fondo de la cloaca ultraderechista.

