Pato Merlín: termina la polémica por su registro ante el IMPI

Pato Merlín: termina la polémica                                                por su registro ante el IMPI
  • Publishedjunio 24, 2026

Por: Axel Uriel Gaspar Cruz

En cuestión de días, el Pato Merlín pasó de ser una mascota viral a convertirse en el centro de una de las controversias más comentadas en torno a la propiedad industrial en México. Lo que comenzó como una historia de popularidad en redes sociales derivó en un intenso debate sobre quién tenía el derecho de registrar comercialmente su nombre e imagen y hasta dónde puede llegar la protección legal de un fenómeno nacido en internet.

La polémica inició cuando trascendió que un particular había presentado ante el Instituto Mexicano de la Propiedad Industrial (IMPI) una solicitud para registrar la marca relacionada con “Pato Merlín”, hecho que generó indignación entre miles de usuarios al considerar que se intentaba aprovechar de la fama alcanzada por la mascota sin el consentimiento de su familia. La noticia se viralizó rápidamente y abrió un debate sobre la apropiación de personajes que adquieren notoriedad pública.

Ante esta situación, Karla Ivette Gómez, propietaria de Merlín, acudió al IMPI para realizar el trámite correspondiente y proteger legalmente el nombre de su mascota. La familia manifestó que su intención era evitar que terceros explotaran comercialmente la imagen del pato y preservar el vínculo que durante años han construido con él, especialmente después de la enorme atención mediática que recibió.

La controversia creció debido a que muchas personas interpretaron que la primera solicitud presentada significaba que un tercero ya había obtenido los derechos sobre la marca. Sin embargo, especialistas recordaron que el hecho de presentar una solicitud no implica automáticamente la concesión del registro, pues el IMPI debe analizar cada caso antes de emitir una resolución.

Finalmente, el director general del IMPI, Vidal Llerenas Morales, aclaró públicamente el desenlace del caso y confirmó que la marca Pato Merlín pertenece a la familia de Karla Ivette Gómez, poniendo fin a las especulaciones y a la incertidumbre que había rodeado el proceso. Con ello, el instituto respaldó el registro promovido por la familia y descartó que un tercero pudiera ostentar legítimamente esos derechos.

En redes sociales, la resolución fue recibida con alivio por numerosos usuarios, quienes celebraron que el personaje permaneciera vinculado con su familia y consideraron que el desenlace representó una victoria frente a lo que percibían como un intento de aprovecharse de un fenómeno viral. Al mismo tiempo, el caso despertó conversaciones sobre la importancia de proteger oportunamente nombres, imágenes y marcas cuando adquieren relevancia pública.

Más allá del resultado jurídico, el episodio del Pato Merlín deja una enseñanza sobre los desafíos que enfrentan las figuras virales en la era digital. La rapidez con la que una imagen puede hacerse famosa también puede dar lugar a disputas legales y comerciales inesperadas, evidenciando la necesidad de comprender los mecanismos de protección de la propiedad industrial.

Con la aclaración emitida por el IMPI, la polémica parece haber llegado a su fin. Sin embargo, el caso ya se convirtió en un referente sobre cómo la popularidad en redes sociales puede trascender el entretenimiento y desembocar en debates legales de alcance nacional, recordando que detrás de cada fenómeno viral también existen derechos que pueden y deben ser protegidos.